Livro: DONALD TRUMP – Arte e Ciência em Empreendedorismo – Por Nívio Terra (*)

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Trump Tower – Nova York (para ouvir F. Sinatra, clique aqui)




O Portal do Sócio e da Sociedade - PSS, desejando levar conhecimento aos seus leitores, encontrou, no livro autobiográfico de Donald Trump, preciosos ensinamentos na arte da NEGOCIAÇÃO agregados com a ciência do EMPREENDEDORISMO. Empresários encontrarão caminhos e exemplos para se tornarem efetivos empreendedores.
Este livro está escrito em espanhol, mas também poderá ser encontrado em português, embora essa edição não tenha sido objeto de análise pelo organizador do PSS.
A leitura é muito agradável e, apesar de escrito na linguagem de Cervantes (não é portunhol!!!), não é muito difícil e sua tradução pode ser obtida diretamente na Internet.
Através deste livro, pelas próprias palavras, Donald Trump se mostra um empresário norte-americano muito ativo, dono de cassinos em Atlantic City, USA, de hotéis com superior categoria em Nova York, além de ter incorporado um dos edifícios mais moderno e lindo de Manhattan, o conhecido e muito visitado TRUMP TOWER, situado na Quinta Avenida, um SHOW para os olhos e para os bolsos, de quem pode pagar, claro!
Para alcançar tão magnífica vida pessoal e empresarial, ele conta o trabalho executado, inclusive os meios e as formas de como precisou agir, compromissos assumidos e dificuldades contornadas, nas várias áreas do negócio, privadas e públicas. Mostra, também, suas afeições com a família e amigos, elogiando e criticando, até mesmo, autoridades e personalidades da área empresarial dos Estados Unidos, especialmente as de Nova York, com as quais tinha imensos, traumáticos e vantajosos debates e negócios.
Caberá ao leitor intuir a exata valia dos passos desse megaempresário.
Abaixo estão transcritos alguns trechos para estudo e satisfação dos prezados internautas, desejando-lhes bom proveito.
Portal do Sócio e da Sociedade - Nívio Terra – Organizador.


1
Negociación: una semana de mi vida
No lo hago por dinero. Tengo mucho, más del que necesitaré nunca. Lo hago por amor al arte. La negociación, yo la entiendo como un arte. Que otros pinten magníficas telas o escriban poesias maravillosas. A mí me gusta hacer negócios, preferiblemente grandes negócios. Ésa es mi vocación.
Mi estilo de trabajo sorprende a muchos. Lo llevo con soltura. No uso portafolios. Procuro no programar demasiadas reuniones. Dejo abierta la puerta del despacho. Quien acarrea demasiada «estructura» no puede ser imaginativo ni emprendedor. Prefiero acudir a la oficina todos los dias, a ver qué pasa.
En mi vida no hay ninguna semana típica. Casi todas las mañanas me levanto muy temprano, hacia las seis, y dedico una hora, poco más o menos, a leer los periódicos. Por lo general, me presento en la oficina a las nueve y me cuelgo del teléfono. Casi ninguna jornada supone menos de cincuenta llamadas, y muchas veces pasan de cien. Al mismo tiempo, tengo como una docena de reu­niones, o más, la mayoria improvisadas, y pocas de más de quince minutos de duración. Casi nunca hago un alto para almorzar. Salgo de mi despacho a las seis y media, pero con frecuencia sigo telefoneando desde mi casa hasta medianoche, y durante los fines de semana.
No paro, y no me gustaría que fuese de otro modo. Intento aprender del pasado, pero preveo el futuro basándome exclusiva­mente en el presente. Es más divertido.¿Y si no lo fuese, de quê ser­viria todo lo demás?
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8 Trump. El arte de la negociación
LUNES
9.00.- Mi primera llamada es para Alan Greenberg (apodado el As), de la división comercial de Bear Stearns, una importante banca de inversiones de Wall Street. El director ejecutivo de Bear Stearns es Alan, mi banquero de negócios desde hace cinco años, el mejor que hay. Hace dos semanas empezamos a comprar acciones de Holiday Inn. Estaban a cincuenta y pico. Esta mañana, Alan me ha dicho que tengo poco más de un millón de accio­nes, o sea algo más del 4 por ciento de la companía. El viernes cerraron a sesenta y cinco dólares, principalmente, según dice Alan, porque la gente se ha enterado de que estoy comprando fuerte, y se especula que pienso hacerme con la empresa.
En realidad, mantengo abiertas mis opciones. Es posible que quiera hacerme con el control de Holiday, que en mi opinión se encuentra algo infravalorada. A la cotización actual me costaría algo menos de 2.000 millones controlarla. Los três hoteles-casino que tiene Holiday los valen, y ades la compañía tiene otras 300.000 plazas de hotel.
Una segunda opción, si la cotización sube bastante, seria ven­der mi parte y embolsarse un bonito beneficio. Si lo hiciese hoy mismo, habría ganado ya unos siete millones. La tercera posibilidad seria que la Holiday me ofreciese recomprar mis acciones, pa­gando además una prima para librarse de mi, sencillamente. Si la prima es lo bastante grande, venderé.
En cualquier caso, es gracioso ver a qué extremos son capaces de llegar los malos administradores para defender lo que ellos llaman su independencia..., con lo que quieren decir la«poltrona»...
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14 Trump. El arte de Ia negociación
17.45.- Mi hijo Donny, que tiene nueve anos, me llama para preguntarme a qué hora estaré de vuelta en casa. He dado orden de que me pasen síempre las llamadas de mis hijos, sin importar en qué me encuentre ocupado. Tengo dos más: Ivanka, de seis, y Eric, de tres. A medida que crecen va siendo más fácil eso de ser padre, pues, si bien los adoro a los três, nunca se me ha dado bien eso de jugar con muñecas y camiones en miniatura. Pero ahora Donny ya presta atención a las construcciones, los terrenos y los deportes, y se ha convertido en un gran conversador.
Le digo que regresaré a casa tan pronto como pueda, pero él no se conforma con esto y me solicita la hora exacta. Es posible que haya heredado ese rasgo de carácter: nunca admite un «no» como respuesta definitiva.
18.30.- Después de hacer varias llamadas más, salgo de mi ofi­cina y subo en ascensor a mi apartamento, en la zona de viviendas del Trump Tower. Como es natural, una vez en casa me veo en la necesidad de hacer un par de llamadas más.
martes
9.00.- Llamo a Ivan Boesky. Es un corredor de bolsa, pero su mujer y él son también los accionistas mayoritarios del hotel Beverly Hills, y acabo de leer que piensan venderlo. En el momento de llamar no tengo ni idea de que, dentro de dos semanas, Boesky vá a confesarse culpable de haberse lucrado ilicitamente gracias a las informaciones confidenciales en su poder, y de que el verdadero motivo de las prisas en vender el hotel ha sido la necesi­dad de reunir dinero rápidamente...
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Negociación: una semana de mi vida 25
15.30.- Llama un amigo de Texas para hablarme de un negocio que se trae entre manos. Es un fulano muy simpático: magnífico aspecto, magníficas ropas, y un acento de Texas tan campechano que da gusto hablar con él. Me llama Donny, diminutivo que siempre he odiado, y sin embargo, cuando lo dice él me parece bien, no sé por qué.
Hace dos años este mismo amigo me habló de otro negocio. Estaba reuniendo a un grupo de gente adinerada para tratar de apoderarse de una pequena compañía petrolera.
—Me gustaría que invirtieses cincuenta millones, Donny — me dijo—. Es una oportunidad única. Vas a duplicar o triplicar tu dinero en cuestión de meses.
Trás lo cual me explicó todos los detalles, y la operación pare­cia muy prometedora. Yo ya estaba convencido y los contratos casi a punto de firma, cuando una mañana me levanté con una vaga inquietud. Llamé a mi amigo y le dije:
—Escucha, hay una cosa que me tiene preocupado. Será que el petróleo está bajo tierra y no puedo verlo, o que no hay ninguna fa­ceta creativa en esta clase de negocio, pero no me gusta y no deseo seguir adelante.
Y él contestó:
—Muy bien, Donny, como quieras, pero te has perdido una gran ocasión.
Lo demás pertenece a la historia, por supuesto, porque pocos meses después el mercado petrolero se hundió por completo, la compañía adquirida por aquel grupo quebró y los inversionistas perdieron hasta el último centavo del dinero colocado en aquel ne­gocio.
De esta experiencia aprendi algunas cosas. La primera, que hay que escuchar a la propia intuición, por bonito que lo pinten so­bre el papel; la segunda, que por lo general es mejor no salirse del ramo que uno entiende; y la tercera, que a veces las inversiones más afortunadas son las que no hemos hecho.
Al no entrar en ésta, ahorré cincuenta millones de dólares y conservé al amigo. En consecuencia, no quiero decirle que no, así de entrada, a su nueva propuesta. Le pido que me envie la documentación. En realidad, no creo que vaya a embarcarme...
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2
Trump es triunfo:
los elementos de la negociación
Mi estilo en la negociación es bastante sencillo y llano. Apunto muy alto, y a partir de ahí todo es tirar y tirar hasta que consigo lo que quiero. A veces me conformo con menos, pero en muchos ca­sos, al final y pese a todo, logro lo que me había propuesto.
En primer lugar, opino que la de la negociación es una facultad innata. Está en los genes. No lo digo por soberbia. No es cuestión de intelecto. Algo de inteligencia si se necesita, pero lo más im­portante es el instinto. Tomen ustedes al discípulo más brillante del Wharton College, el que saca todas las matriculas de honor y tiene un cociente intelectual de 170: si no tiene el instinto necesario, nunca será un promotor con éxito.
Por otra parte, muchos de los que tienen esos instintos no lo sabrán nunca, porque les falta el valor o la suerte para descubrir sus posibilidades. Por ahí hay gente que tiene más talento innato para el golf que Jack Nicklaus, o mujeres más idóneas para el ténis que Chris Evert o Natalia Navratilova, pero nunca habrán tomado en sus manos un palo o una raqueta y por eso no llegarán a saber que podian figurar entre los grandes. Se conformaràn con sentarse en un sillón y ver por la televisión las actuaciones de los ases...
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Trump es triunfo: los elementos de Ia negociación 39
ALTIBAJOS: ATIENDA A LOS BAJOS,
QUE LOS ALTOS SE ATENDERÁN A SÍ MISMOS
La gente cree que soy un jugador. Nada más lejos de eso. Para mi, un jugador es el que mete monedas en las máquinas tragaperras. Yo prefiero ser dueño de las máquinas. La banca siempre gana.
Dicen que creo en el poder del optimismo o pensamiento positi­vo. La verdad es que creo en el poder del pensamiento negativo. Es decir, que en los negocios soy muy conservador. Siempre entro en la negociación previendo lo peor. Cuando uno es capaz de prever lo peor (y admitilo), lo mejor siempre cuida de si mismo. Sólo una vez en mi vida no tuve en cuenta esa regia, y fue en el asunto de la liga estadounidense(USFL), cuando adquirí un equipo perdedor en una liga perdedora creyendo que ya se arreglaria. Y casi se arre­gló en un juicio antimonopolios, pero cuando resultó que la cosa no tenia remedio, me hallé desprovisto de una solución de recambio.
La moraleja es que no se puede ser demasiado ansioso...
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(*) TRUMP – El arte de la negociació – Donald J. Trump – Tony Schwartz.
1988 - Editorial Grijalbo, S.A. – Mexico, D.F.Barcelona Buenos Aires.
Excerto por Nívio Terra, Organizador do
Portal do Sócio e da Sociedade - PSS

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